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Cayo Caulker

 

Belize cuenta con doscientas islas entre su costa y el arrecife de coral el cuál es el segundo más grande del mundo después del australiano. De estas islas hay dos que poseen una mínima infraestructura turística y son Ambergris caye o cayo San Pedro y cayo Caulker.

La primera está mas cancunizada aunque ni mucho menos se le asemeja, ni os vayais a pensar que hay grandes hoteles todo son casas de máximo tres plantas, me refería que es más turística y aquí vienen los grupos de viajes organizados. Para los viajeros está caye Caulker con ambiente mas tranquilo, acogedor y con precios mas ajustados y además posee las mismas distracciones que el otro cayo.

Todo nuestro viaje por la Ruta Maya

 

Aterrizamos en Cayo Caulker

El viaje en avioneta lo hicimos solos, aterrizamos en el cayo sin ningún problema, el viaje fue maravilloso y vimos los cayos, bancos de arena y verdes aguas desde el cielo. La pista era sin asfaltar pero el piloto estaba curtido en estos aterrizajes un tanto rústicos, nos esperaba en tierra un chico que vigilaba la terminal del aeropuerto del cayo que resultaba ser una caseta pequeña con una radio para comunicarse con las avionetas y el aeropuerto de la capital. Cogimos las mochilas y seguimos el sendero que bordea la costa.
Nos quedamos en una de las primeras cabañas que encontramos, en la periferia del pueblo.
Las cabañas estaban separadas entre sí, no eran muy grandes y mas o menos medirían siete metros cuadrados. Por fuera eran bicolores de color rosa la fachada y lila los laterales. La cabaña descansaba sobre nueve pilones que la separaban del suelo unos tres metros y se accedía a la entrada por unas escaleras de madera.
alojamiento en cayo Caulker

Estos pilones van muy bien para aislar la casa del suelo y la humedad dejando además libre el espacio que ocuparía la planta. Como puede observarse esta gente no está tan aislada y conoce uno de los grandes postulados del gran arquitecto de nuestro siglo Le Corbusier aunque seguramente creo que la idea se la sugerirían la cantidad de bichos que se debían colar dentro de las cabañas.

Mientras estábamos parlamentando con el dueño aparecieron los holandeses del día anterior buscando alojamiento y se quedaron aquí. También es casualidad puesto que el cayo no es tan pequeño. Después de instalarnos decidimos salir a dar una vuelta para sondear el lugar y algunas agencias de tours para bucear.

 

 

Pueblo de Cayo Caulker

El pueblo consiste en dos calles paralelas a la costa en el lado que da a mar abierto o a la barrera de coral, las calles no son muy largas y se ubican en la parte norte de la isla, el resto está deshabitado.

Las casas en Cayo Caulker son unifamiliares y no tienen mas de dos plantas, parecen fabricadas por ellos mismos. En sus calles sin asfaltar circulan de vez en cuando unos cochecitos eléctricos como los que se usan en los campos de golf.

Dimos con unas cuantas agencias de salidas en barca hacia la gran barrera de coral. En inglés hay dos posibilidades de buceo, la primera es el snorkeling que es con las gafas y el tubito y la segunda es el diving, con todo el equipo de escafandrismo con botellas de oxigeno incluidas.

Nosotros como solo sabemos snorkelear pues miramos salidas en barca que se ciñeran a nuestras posibilidades y vimos que no estaban nada mal.

Hoy mismo había un tour a las 13:00 horas hasta la puesta de sol que aquí es muy pronto, a las cinco de la tarde. Por tanto nos daba tiempo de ir a cambiarnos a la cabaña y volver con nuestros flamantes bañadores y las zapatillas de agua.

 

Bucear en la barrera de Coral de Belice

Una cosa he de comentar y es que si quieres ir a bucear a la barrera de coral has de ir con estas lanchas de las agencias. La barrera no está muy lejos quizá a menos de un kilómetro, pero si vas nadando corres el riesgo de que una lancha te pase por encima a toda velocidad. No es el primer muerto que se produciría, aquí sentirían mucho el accidente pero pasarías a engrosar las listas de intrépidos bañistas que no hicieron caso a estos consejos que además te disuaden de que lo intentes y que entres en el negocio de las barcas. O sea, que es el pez que se muerde la cola más muertos mas negocio hacen las barcas por lo que en su conducción tampoco es que miren mucho por los bañistas. Así que al mediodía nos embarcamos en un velero a motor el cual paró nada más salir del muelle y desplegó velas hacia el arrecife de coral.

belice

Hicimos tres paradas de buceo. La barrera de coral no es tan impresionante como la australiana en la que los corales surgen de profundidades mucho mayores y parecen rascacielos acuáticos en los que muchas veces no se divisa el fondo marino. Estoy hablando bajo las experiencias que tuve buceando en las dos grandes barreras de coral pero tampoco puedo convertirlo en dogma puesto que las dos barreras tienen longitudes inmensas y pueden haber muchas zonas diferentes en cada una de ellas y que yo sólo haya visto la parte que vi, pero esta es la sensación que tuve y así la escribo, en Belize siempre vi el fondo marino.

barca de Belize

Más allá de los corales hay una gran rompiente de olas que delimita el color verde de las aguas bajas de las aguas profundas de color azul oscuro que se pierden en el horizonte. Sólo de pensar en este punto de separación me recorren escalofríos por el cuerpo, creo que la inmensidad del mar le da reparo a cualquier persona, no es nuestro medio e inspira un profundo respeto.

Una cosa típica de la barrera caribeña es la formación de cayos y manglares que la diferencia de la del hemisferio sur. Pero hay una cosa que las une por completo y es la infinita cantidad de peces de distintos colores que pululan entre los corales multiformes. En la segunda parada de buceo divisé a unos quince metros de profundidad una gran manta raya nadando majestuosamente cosa que me pareció una gozada.

Lo que no sabía es que la tercera parada consistía en visitar una colonia de mantas donde aluciné por completo. Las podías tocar y darles de comer. Las rayas nunca se cansan de comer, nos dice el patrón del barco, los tiburones comen un rato y se van pero las rayas siempre quieren más. De repente se acercó un tiburón gato, un escualo inofensivo que se caracteriza por sus dos bigotes que nos recuerda a los felinos.

tiburon gato
Me tiré al agua y confirmé que era verdad la explicación del patrón puesto que a la que se acabó la manduca se alejó raudo del lugar, no obstante seguí jugando con las rayas que eran unas cachondas totales, estas no se cansan. Su tacto es como el de un pulpo o calamar pero de carnes más apretadas, compactas y más suaves. Cuando te cogen la comida de la mano te recorre una extraña sensación, la boca la tienen debajo de lo que es la manta de su cuerpo, entonces se ponen sobre tu mano te envuelven con sus aletas como si les costase la maniobra que están efectuando y te ves invadido por el animal ya que se te pone literalmente entre los brazos y el pecho y tu reacción es echarte para atrás para que no te toque con la peligrosa cola pero ellas ya saben a quién han de golpear con ella y maniobran muy bien, ninguna me rozó.
Desplegamos velas pues estaba anocheciendo y el barco comenzó a navegar en dirección Cayo Caulker. Todos íbamos estirados en el barco contemplando la maravillosa puesta de sol que nos ofrecía la naturaleza. Al este la oscuridad reinaba, contra más al oeste el cielo se tornaba de amarillo al naranja fuerte que rodeaba el poco sol que se iba ocultando tras el cayo que quedaba en primer plano, en negro pues estaba a contraluz y dibujando su relieve en el que resaltaban centenares de palmeras.
Todos lo contemplábamos en silencio nada mas oíamos el barco cortando las olas y el húmedo viento que soplaba hacia tierra. Cuando arribamos al puerto una legión de invisibles mosquitos nos atacó sin dar tregua. No se veían, son pequeñísimos pero pican duro, uno tras otro. Por tanto fuimos a la carrera hacia nuestra cabaña mientras nos picaban esos pequeños pinches zancudos. Al llegar nos duchamos y nos rociamos de loción antimosquitos, nos pusimos de manga y pantalones largos y salimos a cenar fuera.
La especialidad en Belize es langosta y cualquier producto de mar. La langosta la puedes comer preparada de múltiples maneras y te sale relativamente bien de precio, muy bien si lo comparamos con lo que cuesta en España, también hay que decir que la langosta caribeña es mas pequeña y menos sabrosa.

Cayos Chapel y Sant George

El segundo día partimos de Cayo Caulker a ver una colonia de manatíes. Estos animales son unos mamíferos parecidos a las focas o leones marinos pero con las aletas mas desarrolladas y tienen la peculiaridad de tener el morro muy pronunciado, también se les llama vacas de mar supongo por su enorme tamaño. Nadaron muy cerca de la lancha y se les ve la forma a través de las cristalinas aguas y de vez en cuando asoman la nariz para respirar.
Eso es todo lo que se puede ver porque está prohibido sumergirse a bucear con estos animales. La reserva de manatíes está en un cayo justo en frente de Belize city, podíamos divisar la ciudad a lo lejos desde allí. Para llegar hasta allí costeamos los cayos Chapel y Sant George.
cayos belice
Después de ver a los manatíes salimos a toda velocidad mas a dentro hacia un cayito llamado Goff que es una islita de arena con una palapa o tejado de paja y algunas palmeras.
La isla de blanca arena está rodeada de aguas color verde y azul turquesa y es el paradigma de la isla que todos quisiéramos tener para nosotros. Habíamos llegado al paraíso.
Goff caye
Goff caye
Allí dejamos nuestras cosas y de nuevo cogimos la lancha para hacer snorkel en los corales que rodean la isla. Marta se quedó tomando el sol en la islita, no le gusta mucho bucear y lo del tubo para respirar no lo considera como una extensión de sus pulmones precisamente.
Goff caye
El buceo fue genial como siempre y regresamos a la isla muertos de hambre, comimos un poco y de postre abrimos unos cuantos cocos que solo tenías que recoger del suelo. Buceamos un rato mas y volvimos a toda pastilla con esa lancha veloz que por estos parajes es el medio de transporte ideal, aquí nadie tiene coche, todo el mundo va en bicicleta, pero la lancha aparcada en el puerto es imprescindible.
Por la noche, en Cayo Caulker, salimos a cenar langosta pero nos tuvimos que conformar con un gran pez a la brasa porque la primera se había terminado, aquí cenan muy pronto. Cuando retornábamos a la cabaña por un sendero muy oscuro Marta dio un sobresalto señalando al suelo y asustándome bastante. Era un cangrejo de tierra gigante del tamaño de una palma de la mano extendida, estaba en posición de ataque con las extremidades superiores en alto y amenazantes. Una de las dos pinzas era extremadamente desproporcional a la otra, era enorme. La primera reacción fue pararnos y yo comenté que debía estar muerto y que lo habían dejado en esa posición algún crío jugando con el bicho pues estábamos a bastantes metros de la costa.
No acabo de decir eso cuando el bicho mueve una pinza suavemente. Joder, era de verdad y hay que reconocer que el bicho acojonaba por el tamaño y la pose a lo karate kid que me llevaba.
cangrejo de Belice Cayo Caulker
Esa pinza debía tener bastante carne y ser muy sabrosa pero ahora solo pensaba que si ese bicho salía disparado hacia nosotros se iba a llevar una gran patada nada más que estuviera a mi alcance. Así nos quedamos los tres durante un rato, desafiándonos a una distancia prudencial, no nos atrevíamos a pasar pues estaba en mitad del camino. De repente llegó un hombre por detrás nuestro, de aspecto hispanoamericano, le preguntamos si era peligroso pero nos respondió que sabía lo mismo que nosotros pues acababa de llegar a la isla, estaba más acojonado que nosotros y se quedó detrás nuestro parado.
El cangrejo estaba quieto en mitad del camino y decidimos echarle una foto pues bien la merecía, el flash le desconcertó un poco pero cuando comencé a filmarle y activé el foco de la cámara salió disparado del sendero hacia la maleza. Esa es la diferencia entre un hombre y un cangrejo, la técnica. El cangrejo comprendió que había perdido la batalla sin que la sangre corriera, el camino estaba despejado y podíamos ir a dormir.

Cayo Ambegris

En la última salida en lancha desde Cayo Caulker, tomamos dirección norte hacia cayo Ambegris. Antes de partir fuimos a llenar el depósito de gasolina, la gasolinera estaba en el lado deshabitado de la isla que mira hacia el continente. Bordeamos la costa norte y pasamos por el estrecho que la separa de otra isla y que se llama “the Cut” o el Corte.
Producido por el huracán Hattie que partió en 1961 la isla en dos, lo que queda al otro lado de el Corte pertenecía a cayo Caulker. The Cut es el mejor sitio para bañarse de la isla pues en el resto apenas hay playa. Una vez que repostamos salimos flechados hacia cayo Ambegris.
Antes de llegar hicimos unas paradas para bucear. Estuvimos nadando de nuevo con mantas y tiburones, aquí las mantas todavía eran mas amigables y confiadas que las de ayer, incluso se te montaban en la espalda cuando menos lo esperabas llevándote un gran susto que a ellas parecía complacer. El barquero también buceó con nosotros y les dio de comer de una manera un tanto peculiar. Se ponía cabeza abajo con un pescado en la boca y rápidamente se le acercaba alguna manta que se ponía sobre su cara envolviéndole totalmente la cabeza hasta que podía coger el pez, todo un espectáculo.
Los tiburones estuvieron bastante rato con nosotros en concreto uno era mas amigable que el resto aunque bastante receloso, de vez en cuando se dejaba tocar y pudimos comprobar el tacto áspero de su piel, como si tocases una hoja de papel de lija. Tomamos el sol en cubierta hasta que se hizo la hora de comer y nos dirigimos a San Pedro, capital de cayo Ambegris. Paseando por sus calles nos sorprendió que el cayo no era como lo habíamos imaginado. Estaba mucho menos masificado y habían la mitad de turistas de los que pensábamos.
Alguna vez pasaba un coche por sus calles sin asfaltar. Total que los cayos beliceños están hoy en día muy vírgenes y el turismo todavía no ha impactado negativamente en su ecosistema ni ha creado infraestructuras que cambien los paisajes de estas dos islas. El resto de cayos poseen alguna casa pero en general son vírgenes por completo.
A la vuelta a cayo Caulker hicimos otra inmersión y llegamos de noche. Esta vez nos duchamos con repelente de mosquitos antes de llegar a la costa así que cuando desembarcamos casi no nos picaron, pensar que es horrible verte atacado por cientos de bichitos casi invisibles que no dejan de picarte por todos lados. Al llegar a la cabaña nos encontramos unos nuevos vecinos, la pareja de tejanos.
Acababan de llegar de Belice city hoy mismo a la tarde después de pasar tres días en la ciudad. Mientras nosotros estábamos en los cayos ellos se pasaban los días vagando por esa ciudad que no hay que dedicarle mas de un día en la visita. Les preguntamos a que se debía que hubieran estado tanto tiempo allí y nos respondieron que cuando llegamos el viernes por la noche ellos lo hicieron casi sin dinero, nada mas tenían cheques de viaje que debían descambiarlos en un banco y que tuvieron que esperar todo el fin de semana para hacerlo puesto que los bancos estaban cerrados y no llevaban tarjeta de crédito ni dólares en billetes.
Como ya he dicho anteriormente en los viajes hay días con suerte y con mala suerte, estos últimos no fueron muy buenos para ellos. De todas maneras si eres un poco precavido puedes evitar estos inconvenientes por ejemplo viajando con tarjeta de crédito Visa e incluso llevar de otra clase como American Express o Mastercard dependiendo del país, si llevas la primera no tienes porque tener problemas en casi ningún lugar del mundo.
Otro consejo es planificar tu viaje y saber por las poblaciones que vas a pasar y siempre aprovisionarte de moneda del país en las mas grandes o antes de internarte en lugares poco civilizados. Ah! Y un dato mas, en América latina normalmente cobran un diez por ciento de recargo al pagar con tarjeta de crédito, aunque eso está prohibido nosotros ya damos por perdida esta batalla y lo aceptamos aunque a regañadientes.
baloncesto en Cayo Caulker
Salimos a cenar langosta a un restaurante que la servían de todas las maneras posibles, a la brasa, plancha, fritas, hervidas, al ajillo, empanadas, etc. Toda una gozada, nos pusimos las botas. Tanto a la ida como a la vuelta del restaurante nos guiamos con una linterna por esos senderos perdidos de la isla.
En estos momentos de oscuridad son cuando crece la actividad de los cangrejos gigantes, pudimos comprobar que lo de ayer no fue algo anecdótico. Nos dedicamos a buscarlos y no digo que vimos cientos pero sí muchísimos.
Además los oyes porque cuando caminas se asustan y se mueven, como son tan grandes el ruido que hacen en la maniobra les delata. Los enfocas con la linterna y se detienen, si te acercas te miran con sus enormes ojos desafiantes y se levantan un poco del suelo con sus patas traseras mientras mueven su gran pinza delantera, si corres en su dirección se asustan y cogen las de Villadiego.
Cayo Caulker
Incluso al llegar a la cabaña comprobamos que había uno bajo las escaleras que acceden a la puerta. Desde luego ya entiendo por qué las han hecho elevadas, no me quiero ni imaginar encontrándome plácidamente durmiendo y que te despierte un bicho de estos corriendo por encima de las sábanas. Además durante el día vimos una legión de iguanas campando por la isla, se perseguían entre ellas y se metían por todos los sitios.

Dejamos Cayo Caulker y seguimos la ruta maya

A la mañana siguiente tomamos una avioneta para dejar Cayo Caulker y marchar al continente. El aparato debía volar directamente a Corozal como estaba previsto pero como éramos sólo dos nos llevaron a San Pedro para que nos embarcáramos en otra avioneta con más pasajeros. Así que finalmente partimos a las 10:00 horas rumbo a Corozal. Lo mejor del viaje fue que el piloto me escogió a mí para ir de copiloto durante el trayecto supongo que por mi altura y peso pues no quiero pensar otra cosa

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6 comentarios en “Cayo Caulker y la Barrera de Coral de Belize”

  1. Iván & Esther (Pasaporte a la Tierra)

    Nos ha parecido un post muy interesante! Nosotros también hicimos snorkel junto a rayas y tiburones nodriza, nos alucinó!
    Nosotros viajamos a Belice en 2019 y si pudimos nadar con manatíes, siempre tratando al animal con respeto y dejando distancia de seguiridad.
    Para nuestra desgracia llegamos fuera de temporada de probar la langosta, asi que nos quedamos con las ganas!
    Un saludo y gracias por compartir tu experiencia. Iván y Ester de Pasaporte a la Tierra

  2. Hola. Muy interesante.
    No me ha quedado claro si la excursión a Cayo Goff la cogiste des de Cayo Caulker o des de Belice city. Me lo puedes aclarar? (voy a ir en febrero a GUA-BZE y estoy preparando esta parte)

    1. Hola Jordi. Desde cayo caulker podrás hacer todo lo que quieras. Como si no quieres pasar por Belice city para nada. También ir a San Pedro desde Caulker. Espero que te vaya bien el viaje. Ya contarás. Aquí tienes un espacio en estos comentarios para actualizar un poco el post con tu experiencia 🙂

  3. Claro Jose, eso vengo haciendo en casi todos los posts de todos los viajes de los últimos años, pero este viaje fue hace 16 años y hasta hace sólo tres años no empecé a publicar blogs. Nunca pensé que acabaría escribiendo sobre mis viajes y menos que me leyera alguien 😉
    Como te digo, si miras el resto de posts del blog, cuido mucho ese aspecto que comentas, de hecho es muy importante para el blog.

    Gracias por comentar

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